miércoles, 29 de junio de 2022

ENSAYO LITERARIO DE JOSÉ INGENIEROS

ENSAYO LITERARIO

ENSAYO LITERARIO DE JOSÉ INGENIEROS

El genio es excelente por su moral, o no es genio. Pero su moralidad no puede medirse con preceptos corrientes en los catecismos; nadie mediría la altura del Himalaya con cintas métricas de bolsillo. La conducta del genio es inflexible respecto de sus ideales. Si busca la Verdad, todo lo sacrifica a ella. Si la Belleza, nada le desvía. Si el Bien, va recto y seguro por sobre todas las tentaciones. Y si es un genio universal, poliédrico, lo verdadero, lo bello y lo bueno se unifican en su ética ejemplar, que es un culto simultáneo por todas las excelencias, por todas las idealidades. Como fue en Leonardo y en Goethe.

Por eso es raro. Excluye toda inconsecuencia respecto del ideal: la moralidad para consigo mismo es la negación del genio. Por ella se descubren los desequilibrados, los exitistas y los simuladores. El genio ignora las artes del escalamiento y las industrias de la prosperidad material. En la ciencia busca la verdad, tal como la concibe; ese afán le basta para vivir. Nunca tiene alma de funcionario. Sobrelleva, sin vender sus libros a los Gobiernos, sin vivir de favores ni de prebendas, ignorando esa técnica de los falsos genios oficiales que simulan el mérito para medrar a la sombra del Estado. Vive como es, buscando la Verdad y decidido a no torcer un milésimo de ella. El que pueda domesticar sus convicciones no es, no puede ser, nunca, absolutamente, un hombre genial.

Ni lo es tampoco el que concibe un bien y no lo practica. Sin unidad moral no hay genio. El que predica la verdad y transige con la mentira, el que predica la justicia y no es justo, el que predica la piedad y es cruel, el que predica la lealtad y traiciona, el que predica el patriotismo y lo explota, el que predica el carácter y es servil, el que predica la dignidad y se arrastra, todo el que usa dobleces, intrigas, humillaciones, esos mil instrumentos incompatibles con la visión de un ideal, ése no es genio, está fuera de la santidad: su voz se apaga sin eco, no repercute en el tiempo, como si resonara en el vacío.

El portador de un ideal va por caminos rectos, sin reparar que sean ásperos y abruptos. No transige nunca movido por vil interés; repudia el mal cuando concibe el bien; ignora la duplicidad; ama en la Patria a todos sus conciudadanos y siente vibrar en la propia el alma de toda la Humanidad; tiene sinceridades que dan escalofríos a los hipócritas de su tiempo y dice la verdad en tal personal estilo que sólo puede ser palabra suya; tolera en los demás errores sinceros, recordando los propios; se encrespa ante las bajezas, pronunciando palabras que tienen ritmos de apocalipsis y eficacia de catapulta; cree en sí mismo y en sus ideales, sin pactar con los prejuicios y los dogmas de cuántos le acosan con furor, de todos los costados. Tal es la culminante moralidad del genio. Cultiva en grado sumo las más altas virtudes, sin preocuparse de carpir en la selva magnífica las malezas que concentran la preocupación de los espíritus vulgares.

Los genios amplían su sensibilidad en la proporción que elevan su inteligencia; pueden subordinar los pequeños sentimientos a los grandes, los cercanos a los remotos, los concretos a los abstractos. Entonces los hombres de miras estrechas los suponen desamortizados, apáticos, escépticos. Y se equivocan. Sienten, mejor que todos, lo humano. El mediocre limita su horizonte afectivo a sí mismo, a su familia, a su camarilla, a su facción; pero no sabe extenderlo hasta la Verdad o la Humanidad, que sólo pueden apasionar al genio. Muchos hombres darían su vida por defender a su secta; son raros los que se han inmolado conscientemente por una doctrina o por un ideal.

La fe es la fuerza del genio. Para imantar a una era necesita amar su Ideal y transformarlo en pasión; «Golpea tu corazón, que en él está tu genio», escribió Stuart Mill, antes que Nietzsche. La intensa cultura no entibia a los visionarios: su vida entera es una fe en acción. Saben que los caminos más escarpados llevan más alto. Nada emprenden que no estén decididos a concluir. Las resistencias son espalaos que los incitan a perseverar; aunque nubarrones de escepticismo ensombrezcan su cielo, son, en definitiva, optimistas y creyentes: cuando sonríen, fácilmente se adivina la ascua crepitante bajo su ironía. Mientras el hombre sin ideales ríndase en la primera escaramuza, el genio se apodera del obstáculo, lo provoca, lo cultiva, como si en él pusiera su orgullo y su gloria: con igual vehemencia la llama acosa al objeto que la obstruye, hasta encenderlo, para agrandarse a sí misma.

La fe es la antítesis del fanatismo. La firmeza del genio es una suprema dignidad del propio Ideal; la falta de creencias sólidamente cimentadas convierte al mediocre en fanático. La fe se confirma en el choque con las opiniones contrarias; el fanatismo teme vacilar ante ellas e intenta ahogarlas. Mientras agonizan sus viejas creencias, Saúl persigue a los cristianos, con saña proporcionada a su fanatismo; pero cuando el nuevo credo se afirma en Pablo, la fe le alienta, infinita: enseña y no persigue, predica y no amordaza. Muere él por su fe, pero no mata; fanático, habría vivido para matar. La fe es tolerante: respeta las creencias propias en las ajenas. Es simple confianza en un Ideal y en la suficiencia de las propias fuerzas; los hombres de genio se mantienen creyentes y firmes en sus doctrinas, mejor que si éstas fueran dogmas o mandamientos. Permanecen libres de las supersticiones vulgares y con frecuencia las combaten: por eso los fanáticos les suponen incrédulos, confundiendo su horror a la común mentira con falta de entusiasmo por el propio Ideal. Todas las religiones reveladas pueden permanecer ajenas a la fe del hombre virtuoso. Nada hay más extraño a la fe que el fanatismo. La fe es de visionarios y el fanatismo de siervos. La fe es llama que enciende y el fanatismo es ceniza que apaga. La fe es una dignidad y el fanatismo es un renunciamiento. La fe es una afirmación individual de alguna verdad propia y el fanatismo es una conjura de huestes para ahogar la verdad de los demás.

Frente a la domesticación del carácter que rebaja el nivel moral de las sociedades contemporáneas, todo homenaje a los hombres de genio que impendieron su vida por la Libertad y por la Ciencia, es un acto de fe en su Porvenir: sólo en ellos pueden tomarse ejemplos morales que contribuyan al perfeccionamiento de la Humanidad. Cuando alguna generación siente un hartazgo de chatura, de doblez, de servilismo, tiene que buscar en los genios de su raza los símbolos de pensamiento y de acción que la templen para nuevos esfuerzos.

Todo hombre de genio es la personificación suprema de un Ideal. Contra la mediocridad, que asedia a los espíritus originales, conviene fomentar su culto; robustece las alas nacientes. Los más altos destinos se templan en la fragua de la admiración. Poner la propia fe en algún ensueño, apasionadamente, con la irás honda emoción, es ascender hacia las cumbres donde aletea la gloria. Enseñando a admirar el genio, la santidad y el heroísmo, prepárense climas propios a su advenimiento.

Los ídolos de cien fanatismos han muerto en el curso de los siglos, y fuerza es que mueran otros venideros, implacablemente segados por el tiempo.

Hay algo humano, más duradero que la supersticiosa fantasmagoría de lo divino: el ejemplo de las altas virtudes. Los santos de la moral idealista no hacen milagros: realizan magnas obras, conciben supremas bellezas, investigan profundas verdades. Mientras existan corazones que alienten un afán de perfección, serán conmovidos por todo lo que revela fe en un Ideal: por el canto de los poetas, por el gesto de los héroes, por la virtud de los santos, por la doctrina de los sabios, por la filosofía de los pensadores.

BREVE ENSAYO SOBRE EL SIGNIFICADO DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

ENSAYO FILOSOFICO

BREVE ENSAYO SOBRE EL SIGNIFICADO DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

Significado de mi muerte y de qué manera afecta a mi vida, La vida es un milagro de la naturaleza, todos somos ganadores desde el mismo momento en que fuimos concebidos; hemos sorteado muchos obstáculos para poder ver la luz del mundo por primera vez y sin embargo sólo hay una verdad inevitable y es que desde el momento que nacemos empezamos a morir.

La relación existente entre la vida y la muerte siempre ha preocupado a los existencialistas, a los grandes filósofos de la humanidad porque son dos momentos que están llenos de alegría, esperanza, sueños, felicidad, temor, sufrimiento y dolor para las personas con las que convivimos; si bien la vida es una bella mentira, la muerte es una verdad horrible.

Desde el punto de vista existencialista, considero que el significado de mi muerte tendrá mucho que ver con la manera en la que me conduje por la vida, lo que hice en mi vida, de quienes formé parte de su vida y el paso que dejé en mi estancia en este mundo material.

Sin embargo, desde el punto de vista espiritual mi esencia, mi alma siempre permanecerá mientras haya alguien que me recuerde y mantenga vivo el recuerdo en su memoria.

El planteamiento que hace Víctor Frankl (2014) sobre la búsqueda del sentido de la vida, me indica que me encuentro frente a un vacío existencial por lo que debo responder buscando el sentido a mi vida y responder por mis actos con responsabilidad durante mi existencia.

Sin embargo, ahora que me encuentro frente a este planteamiento del significado que le he dado a mi vida debo responder que cada acto que he desarrollado de manera inconsciente o consciente no me lleva al arrepentimiento sino hacia la satisfacción de haberlo logrado; pero si he aprendido a ser responsable de mis actos, de las decisiones que tomo y cómo las enfrento sin buscar huir de ellas.

Considero que el significado de la vida para mí está en darle un nuevo sentido o reconfigurarme cada vez que estoy en desequilibrio y en buscar la felicidad no por lo que tengo sino por como lo he logrado, no buscar la frustración por lo que no he alcanzado sino en agradecer por lo que si he hecho.

Dale, un valor a las cosas suple ese vacío existencial porque solo yo puedo darle un atributo o valor a las cosas desde las más simples hasta aquéllas que encierran emociones intensas; a darle un valor adecuado a los fracasos, a las decepciones, a la manera de ver el mundo y no en tratar de comprenderlo sino aceptarlo tal cual es y darle ese valor que me permita ir adelante dándole un verdadero sentido a mi vida y de quienes me rodean.

Desafortunadamente ya sea poco o mucho el tiempo que esté en este mundo me estará llevando hacia un final, así como ha tenido un inicio esta gran aventura llamada vida; en algún momento pronto se verá el final del camino; al volver la vista me doy cuenta que mi vida ha sido maravillosa, afortunada y llena de encantos porque así he decidido verla yo en esa búsqueda de sentido existencial a mi vida.

Como lo he planteado al inicio, la muerte no es quizá el final de mi propia existencia, quizá en sentido corpóreo y material, pero si uno logra trascender en la vida y en la vida de los demás, siempre habrá elementos que garanticen que mis ideas, mi amor y mis legados permanecerán en la memoria de con quienes tuve la oportunidad de coincidir en esta vida.

Para concluir, creo que el significado de mi muerte va en función de lo grandiosa que ha sido mi vida en el proceso en que aprendí a valorarla y dar el ese sentido a la vida en busca de la felicidad, entendiendo que la felicidad son momentos únicos y efímeros y que la vida me planteaba situaciones en las que yo debía aprender a ser feliz con lo se me ofrecía y no en lamentar las situaciones que me lo impedían

MIRANDO EL CARIBE DESDE UN AVIÓN

ENSAYO DESCRIPTIVO

MIRANDO EL CARIBE DESDE UN AVIÓN

Bienvenido al cielo, amigo turista, aunque es probable que tenga ya un rato a bordo del avión. Seguramente ya se ha cansado de hojear las revistas y los instructivos que consiguió en el bolsillo del asiento, y el personal ya debe haberle servido el refrigerio –porciones así de pequeñas no llegan a ser propiamente un almuerzo. Así que ha llegado el momento de abrir la ventanilla y mirar hacia abajo.

Empecemos por esa infinita sabana azul, casi negra, que se extiende como un desierto de agua en todas las direcciones. Fíjese en ese color, tan intenso, fundiéndose en la lejanía con el color mismo del cielo, como queriendo confirmar de un modo extraño la circularidad del planeta: el cielo es agua y el agua es cielo.

Desde estas alturas no puede apreciarse, pero allá abajo las olas avanzan, continuamente, cual ejército en camuflaje, hacia un destino lejano o cercano, apenas rompiendo la perfecta formación para escupir algo de espuma. Acérquese a la ventanilla y verá, de vez en cuando, el destello blanco y efímero, la burbujeante presencia de la cresta de una ola desobediente, que rompe un poco antes de tiempo.

Imagínese ahora los dos mil doscientos metros de agua que hay debajo de la superficie: un abismo tan inmenso en el que cabrían fácilmente más de 20 aviones como el suyo, uno detrás de otro mirando en la misma dirección. Y eso por no mencionar las profundidades máximas de 7.600 metros, en fosas marinas como la de las Islas Caimán. Pero no se asuste con las proporciones: ese mar infinito que allá abajo se extiende es de los más cálidos y salados del mundo, un mar idóneo para las vacaciones que le aguardan.

Ahora fíjese allá a lo lejos, en esa mancha blanquecina que se avecina. Fíjese cómo el agua cambia de color al aproximarse a la costa, perdiendo esa negrura intimidante y llenándose de brillo. Eso claro que se percibe en el fondo es la arena blanca, tan blanca que parece que el sol en las alturas utilizara sus granos como espejo. Y el agua, translúcida, revela las piedras grandes y vivaces, hogar de corales y especies de animales coloridos, una fauna tan rica y diversa que bien amerita renunciar a la atmósfera por un rato. El 9 % de los arrecifes coralinos del mundo está allí abajo: ocupan alrededor de 20.000 millas cuadradas.

Una flora y una fauna igual de exuberantes le aguardan en tierra firme: fíjese en el verde extraño, cambiante, que se percibe desde aquí en el interior de la isla. Es un lento degradé: primero el azul claro de la orilla, luego el blanco prístino de la arena y después el verde tropical, selvático a ratos y xerófilo después, como si en una misma isla, la jungla y el desierto tuvieran su descendencia. Sin duda habrá cocoteros allá abajo, pero también ceibas, caobas, guayacanes y otras 6500 especies endémicas, acostumbradas al aire salado del mar.

Quizá le llamen la atención las formas extravagantes de las islas, que desde lo alto parecieran un fragmento de la escritura de los gigantes. ¿Qué mensaje se esconde en sus siluetas, qué verdad revelada, apreciable solo desde aquí? Nadie lo sabe. Mucho menos lo saben quienes viven abajo, entregados al sol y a una vida que transcurre centrada en el presente. Así son los caribeños: gente de sol y de mar, fugaces como la espuma misma que hace rato mirábamos por la ventanilla. Más de 13 países distintos cohabitan este paraíso, donde las razas se mezclan tanto como lo hacen el español, el francés, el inglés y las lenguas indígenas. Nada es puro en el Caribe, nada tiene origen ni destino. El Caribe es presente y nada más.

Pero el tiempo se nos acaba, estimado turista, y los letreros del avión vuelven a encenderse. Ya pronto iniciará el descenso y este paisaje que hemos visto se perderá en su memoria, y sin duda será reemplazado por recuerdos más concretos, corporales, inmediatos. Así que haga un esfuerzo: no olvide lo que ha visto. Esta es la cara lejana y hermosa del Caribe, una que nadie pudo apreciar en millones de años de existencia, hasta que apareció el ser humano y creó estos aparatos ruidosos en los que usted viaja. El Caribe es así, eterno y efímero, como este mismo paisaje.

EL DESARROLLO HUMANO Y SU EFECTO SOBRE LA NATURALEZA

ENSAYO CIENTIFICO

EL DESARROLLO HUMANO Y SU EFECTO SOBRE LA NATURALEZA

A diferencia de siglos pasados, en la actualidad existe un alarmante desequilibrio entre el desarrollo humano y la estabilidad de la naturaleza. El avance de la civilización en sus diferentes aspectos ha mejorado la vida de innumerables personas, de eso no cabe duda, pero muchos especialistas opinan que se ha dado de una forma acelerada, sin pensar en las futuras generaciones. Esta realidad hace necesario analizar los diferentes problemas que enfrenta el planeta, en especial aquellos que son un efecto del desarrollo humano.

Hoy en día, todos tenemos la obligación de mantenernos informados sobre los desafíos que existen para mantener y mejorar el estado del medio ambiente, con el objetivo de proponer estrategias y planes para alcanzar un desarrollo sostenible. No obstante, es paradójico que esta responsabilidad muchas veces sea dejada de lado por las empresas y los gobiernos de cada país, cuando son ellos los principales culpables del deterioro ambiental.

De este modo, es muy importante plantear acuerdos mundiales para mitigar el daño que de manera constante afecta la naturaleza. No solo deben hablar de la sostenibilidad de los recursos renovables y no renovables, sino que, al mismo tiempo, y con la ayuda de hombres y mujeres de ciencia, deben demostrar una preocupación latente que esté adecuadamente estructurada para su viabilidad. Mientras que su cumplimiento tiene que ser monitoreado por la población e instituciones especializadas, develando la necesidad de que sus avances y objetivos sean de conocimiento público y de fácil acceso.

En América Latina, por ejemplo, se pueden hallar problemas relacionados con el ciclo biogeoquímico del fósforo, que trae como consecuencia el envenenamiento de las tierras que son utilizadas para el cultivo. Esto es sumamente preocupante, dado que en esa parte del mundo es donde se encuentran las mayores reservas agrícolas. A pesar de esto, los métodos fertilización que son empleados entran en conflicto con el medio ambiente, y la naturaleza sufre sus efectos.

Por otro lado, países como Uruguay tienen en consideración los fenómenos climáticos asociados con el Océano Pacífico. Uno de ellos es el conocido como “El Niño”, que es capaz de repercutir de manera negativa en la vida de muchas personas. Entre sus consecuencias cabe mencionar las pérdidas pesqueras, las sequías y la generación de aluviones, que está vinculada a la baja presión atmosférica que se produce.

Tomando todo esto cuenta, es imprescindible incorporar departamentos de investigación en cada país. Sin embargo, no solo tienen estudiar el presente y cómo mitigar el daño producido, sino que deben ser capaces de prevenir los posibles efectos del desarrollo humano en la naturaleza. Solo de este modo se podrá establecer un equilibrio sustentable entre el hombre y el medio ambiente.

EDUCACIÓN: UN CAMINO ARDUO, SINUOSO, PERO QUE VALE LA PENA RECORRER

ENSAYO ARGUMENTATIVO

EDUCACIÓN: UN CAMINO ARDUO, SINUOSO, PERO QUE VALE LA PENA RECORRER

La educación latinoamericana ha sufrido devastadores golpes a lo largo de décadas desde el nacimiento de la educación como institución escolar.

Recordemos que, anterior a la escuela como lugar que albergaba a niños de diferentes edades, los lugares designados para tales fines educativos eran las iglesias parroquiales y los profesores eran los párrocos o sacerdotes.

No obstante, el nacimiento de la educación pública tal como la conocemos en la actualidad (con sus instituciones, jerarquía piramidal, reglas y normas) tiene sus inicios a mediados del siglo XIX. Esta escuela del pasado, dista mucho de ser la escuela actual. Sin embargo, no podemos indicar que una sea mejor que la otra. Por otro lado, si pondremos en este ensayo, en tela de juicio algunos aspectos presentes y tradicionales que hacen la diferencia, muchos de los cuales deseamos erradicar como docentes a fin de construir una mejor institución educativa del mañana.

La educación pública en Latinoamérica

La educación en Latinoamérica ha sido fuente de diversos cruces: políticos, económicos, sociales, etc. que la ha dejado en medio de un mar de dudas. Incluso en la actualidad, autores como Javier García Pérez Morales hablan de la escuela devastada en tiempos post-pandémicos.

El término de escuela devastada hace referencia a la carencia de lugar institucional por parte del entramado social ausente durante los años de confinamiento en relación a la institución como eje o sostén de niños y adolescentes en la actualidad, dejando, muchas veces a merced de las familias cuestiones que la educación debía haber contemplado. No obstante, no es mi intención culpar a las instituciones educativas, pero sí es necesario detenerse en sus formas.

La escuela durante la pandemia

Durante la pandemia las escuelas han tenido que reinventarse, la asistencia a las aulas se vio suspendida y luego modificada, las formas de relacionarse entre alumnos y docentes también han cambiado, así como también lo han hecho los docentes ante la forma de evaluar a los alumnos.

¿Cómo podemos pensar una escuela dentro de una caja boba? Ese ha sido el desafío de los docentes en pandemia. Y bastante han hecho, aunque, claro está, no con las herramientas adecuadas para hacerlo.

Lograr una escuela que se adapte a la realidad cambiante exige docentes y directivos que también lo hagan. Es decir, la escuela latinoamericana actual no se adapta a los cambios bruscos y vertiginosos dejándola en una pausa, ausente de tiempo y de perspectiva hacia el futuro.

Entonces ¿Qué haremos de aquí en más para poder afrontar las consecuencias de una educación devastada antes y después de la pandemia?

Conclusión

Es importante poder involucrarse en la realidad de cada sociedad comprendiendo que, así como las sociedades avanzan de forma acelerada, también así deben cambiar los planes de estudio, los programas y los desafíos al interior de toda institución escolar.

No podemos continuar creyendo que las escuelas estáticas, inamovibles y cargadas de protocolos antiguos (y a menudo obsoletos), deban ser el eje o centro por el cual circulan la mayoría de las políticas educativas en las escuelas latinoamericanas en la actualidad.

Un cambio drástico en la forma de educar en las escuelas del siglo XXI se está gestando; la batalla no será fácil ¡no lo es! pero el futuro de nuestros pueblos, de nuestras naciones y el de nuestros hijos necesitan que comencemos a dejar otro tipo de legado; uno que mire hacia adentro de las instituciones escolares con ganas de cambios y no con protocolos enquistados de tradición sin sentido. 

miércoles, 22 de junio de 2022

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LUCAS SE LIBERA DE SU TIMIDEZ

SILVIA GARCÍA



Lucas y su familia iban cada verano de vacaciones a la playa. Ese año, como todos los demás, emprendieron el viaje un sábado por la mañana. A Lucas le despertó el traqueteo del coche antes de llegar a su destino. Para llegar a la playa, había que pasar por una carretera llena de baches y su hermana siempre se mareaba.

Cuando se acercaban al apartamento donde pasaban sus vacaciones, Lucas abrió la ventanilla del coche y se dejó llevar por el olor del mar y el sonido de las gaviotas revoloteando por el puerto, el sol le golpeaba en los ojos y le hacía tener un rato muy agradable.

Ese año llegaron como siempre a la hora de comer. El padre de Lucas aparcó el coche y todos se bajaron cansados por el viaje.

–Vamos chicos –dijo el padre papá–. Cada uno a llevar su bolsa.

Y así llegaron al apartamento. Todos dejaron las maletas en las habitaciones y Lucas y sus hermanos corrieron a la terraza desde la que se podía ver la piscina.

Por la tarde, Lucas tenía pensando ir a comprobar si continuaban los mismos amigos del año pasado. Era un niño al que le costaba mucho hacer nuevos amigos. Sus hermanos en cambio eran mucho más abiertos y no les costaba apenas relacionarse. Lo que pasaba era que a Lucas no le gustaba ser el centro de atención y prefería pasar desapercibido.

Por fin, Lucas vio a lo lejos a su grupo de amigos.

–Mamá, ¿puedo ponerme el bañador y bajar a la piscina? -le dijo a su madre.

Tras decirle que sí, se vistió y bajó a la piscina a reencontrarse con mis amigos. Al llegar, todos estaban en la piscina jugando a voleibol. Decidió quedarse esperando en la toalla hasta que acabasen la partida porque no se atrevía a sumarse al juego a la mitad. Al poco rato, uno de los niños, Pablo, se dio cuenta de su presencia y le saludó a lo lejos. Fue entonces cuando Lucas se decidió a acercarse al borde de la piscina.

- ¿Qué pasa? ¿Habéis llegado ahora? ¿No quieres jugar? –le dijo Pablo con alegría.

De hecho, le habían guardado un hueco en la mesa que tenían preparada para merendar después de jugar y hasta habían encargado su refresco favorito. Lucas, que siempre pensaba que la gente le veía como un debilucho y bicho raro, empezó a sentirse muy a gusto con sus amigos y se dio cuenta de que no podía ser tan inseguro, porque lo pasaba muy mal. Con sus amigos de la piscina disfrutó de una merendola en toda regla y por la noche fueron juntos a una fiesta cercana. Fue el mejor verano de todos.

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PITUCA PILOTA

EVA MARÍA RODRÍGUEZ


A Piluca le gustaba mucho hacer aviones de papel y jugar con ellos. Piluca decía que de mayor quería ser piloto. Por eso todo el mundo la llamaba Piluca Pilota.

Al principio era muy gracioso. Incluso a Piluca le encantaba que la llamaran Piluca Pilota.

Pero cuando se fue haciendo mayor la gente empezó a reírse de ella y de su mote.

-El trabajo de piloto es para chicos, Piluca -le decían-. Por eso solo existe la palabra piloto, y no pilota.

- Es mentira, hay muchas chicas pilotas, aunque de momento haya menos -contestaba ella-. Y, además, pilota está bien dicho. Pilota existe.

Y es verdad. Pilota está bien dicho. Pero como la ignorancia es atrevida y no tiene vergüenza, ahí seguían metiéndose con Piluca, unos y otros, riéndose y burlándose de ella.

Piluca no entendía qué tenía de gracioso intentar acabar con los sueños de los demás, ni por qué lo hacían.

“¿Por qué no se centran en tener sus propios sueños, en vez de reírse de los de los demás?”, se preguntaba Piluca.

El tiempo fue pasando y Piluca cada vez hacía aviones de papel más interesantes, pero no se los enseñaba a nadie. También había empezado a hacer maquetas, primero pequeñas, luego más grandes. Pero esto solo lo sabían en su casa.

Y cuando cumplió 10 años pidió que le compraran un avión de radiocontrol. Y así empezó a volar Piluca, desde el suelo. ¡Qué piruetas hacía en el aire! ¡Qué figuras!

Tanto entrenó que en dos años se convirtió en campeona nacional de su categoría. Todo el mundo quería entrevistar a Piluca Pilota, que llevaba su mote con orgullo para demostrar que sí, que ella quería ser pilota.

Cuando los que se reían de ella vieron a dónde había llegado con tan solo doce años se pusieron rojos de vergüenza -alguno también verde de envidia-.

“¿Quién se ríe ahora, ¿eh?”, pensaba Piluca. Pero se lo callaba, porque en el fondo le daba igual. Piluca tenía claro su objetivo, que no tenía nada que ver con demostrarle nada a nadie.

Y ahí sigue Piluca, luchando por su sueño. Y cuando se ríen de ella, Piluca piensa que la burla es una piedra. Pero en vez de ocultarse para que la piedra no le dé, Piluca se retira, la deja caer y luego la coloca sobre las demás para subirse en ellas y llegar más alto.

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EL MISTERIO DEL ELEFANTE ESCRITOR

EVA MARÍA RODRÍGUEZ



Mono, Ardilla, Conejo y Elefante iban juntos al colegio todas las mañanas. En el cole aprendían a leer, a escribir y muchas otras cosas divertidas.

Mono, Ardilla y Conejo se reían mucho de Elefante, porque, con sus grandes patas, no podía coger el lapicero.

Elefante estaba muy triste, porque no podía escribir, ni dibujar ni colorear.

Un día, Elefante llegó al cole con un precioso cuento que él mismo había creado, lleno de dibujos y colores.

-Seguro que tú no has hecho eso -dijo Ardilla.

-A ver, ¿por qué no? -dijo Elefante.

-Porque tienes unas patas enormes y no puedes escribir. Te lo han hecho tus padres -le dijo Mono.

-No -dijo Elefante-. Mis padres tienen las mismas patas torpes que yo y no saben escribir.

-Niños, tranquilos -dijo el maestro Ciervo-. Elefante, ¿has hecho tú ese cuento?

-Sí, maestro Ciervo -respondió Elefante-. Si quiere hago otro ahora mismo para que lo vea. Pero tengo que estar solo, porque si me miran me pongo muy nervioso.

-Está bien, demuéstranos tu talento, joven Elefante -dijo el maestro Ciervo.

Elefante se fue a una habitación él solo con su estuche de lápices de colores. Cuando volvió y enseñó lo que había hecho todos se quedaron admirados.

-Alguien te ha pasado el cuento por debajo de la puerta -dijo Conejo.

-¡No digas tonterías! -exclamó Elefante-. Acabo de hacerlo.

-Y ¿por qué no tienes las pezuñas manchadas? -preguntó Mono-. Con esas patazas tendrías que estar muy sucio.

-Porque no ha hecho el cuento con las patas, joven Mono -interrumpió el maestro Ciervo-. ¿No es cierto, joven Elefante?

-Es cierto -dijo Elefante-. No escribo con las patas.

-¿Qué usas para escribir entonces, jovencito? -preguntó el maestro Ciervo.

-Me da vergüenza decirlo -dijo Elefante.

-No tiene por qué, joven Elefante -dijo el maestro Ciervo-. Has solucionado tu problema de una manera brillante. Y el resultado es espectacular. Contesta, por favor, tengo gran curiosidad. -He usado la trompa -dijo Elefante.

Elefante esperaba que todos se rieran de él. Sin embargo, nadie dijo nada. Era como si el tiempo se hubiera parado.

- ¡Eres un crack, Elefante! -exclamó Mono, rompiendo el silencio-.¡Qué ingenioso!

-Enséñanos cómo lo haces, Elefante -dijeron los demás.

-Misterio resuelto -dijo el maestro Ciervo.

Y así fue como, en poco tiempo, Elefante se convirtió en un gran escritor de cuentos y en un gran ilustrador. Todos le admiraban, no solo por sus hermosas historias, sino por haber superado el gran problema que tenía para coger el lapicero.

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EL TROLL QUE QUERIA VOLAR

EVA MARÍA RODRÍGUEZ



Había una vez un troll que quería volar. Todo el mundo se reía de él, pero al troll le daba lo mismo. -Yo quiero volar, y volaré -decía el troll a todo el que se reía de él.

- Eres un troll, no un pájaro; no estás hecho para volar - le decían todos.

Pero el troll no hacía caso. Él quería volar, y nadie iba a arrebatarle su sueño.

El troll visitó a brujas, magos y hechiceros de todo el mundo. Viajó y viajó, pero nadie le dio una solución.

Como nadie conseguía hacerlo volar, el troll decidió construirse unas alas de madera. Pero no funcionaron.

Después, el troll probó a construir las alas de papel. Y luego de hojas, y luego volvió a probar con la madera. Pero nada. No había manera.

Un día, al troll se le ocurrió pedirle al águila que le llevara dar un paseo por el cielo.

-Si no puedo volar por mí mismo, al menos probaré el sabor del aire sin pisar el suelo -soñó el trol.

El águila quiso ayudar al troll, pero cuando intentó levantarlo, no pudo.

-Pesas mucho para mí, amigo -dijo el águila-. Deja que vaya a buscar a unas amigas y entre todas se llevaremos a dar un paseo.

El águila se fue y volvió con otras dos compañeras. Entre las tres levantaron al troll a duras penas y se lo llevaron.

El troll era feliz. Desde allí arriba podía ver muy lejos, sentir la libertad de no estar atado a la tierra.

Pero entonces, debido al peso, el troll se escurrió de las garras de una de las águilas. Las otras dos no pudieron con él y el troll se precipitó al vacío. Y cayó al suelo.

-Uf, menos mal que tengo la cabeza dura -dijo el trol, sin poderse mover.

Otros troles fueron a por él y lo llevaron a casa. Allí estuvo semanas recuperándose de la caída. -¿Lo vas a dejar ya? -le preguntó su madre.

-Tranquila, no volveré a pedirle a nadie que me lleve volando -dijo el trol-. Estoy perfeccionando el diseño de mis alas. Está claro que tengo que conseguirlo por mí mismo.

Y así fue como el troll siguió investigando. Si lo consiguió o no; no es lo importante. Lo importante es que él continuó buscando su sueño, trabajando para lograr lo que más deseaba. Y que, por el camino, aprendió muchas cosas buenas.

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 LA LLAVE MISTERIOSA

GABRIEL RAMOS 



Para Mauricio aquella tarde fue inolvidable, eran cerca de las siete de la noche, estaba lloviendo y las gotas golpeaban su ventana con ritmo y fuerza tales que acompañaban la conversación que tenía con su mamá.

Eugenia, la mamá de Mauricio, le hablaba sobre algunas colecciones de objetos que tenía desde que era niña, entre ellos algunos álbumes de estampas, monedas, tarjetas de teléfono público y objetos diversos como una llave de color dorado que se había encontrado en un baúl de sus abuelos.

A Mauricio le ganó la curiosidad y pidió ver los objetos. Estaba interesado en todos, pero más en la llave misteriosa. Eugenia fue hasta su vestidor y sacó una caja de madera en donde junto con algunos anillos, collares y otros artículos se encontraba la llave. Su mamá le advirtió que esa llave no era útil para abrir ninguna puerta, que solo era un objeto de la suerte. Eugenia se la regaló y le dijo que esperaba que le acompañara siempre.

Mauricio se puso feliz y desatendiendo las recomendaciones de su mamá, de inmediato trató de abrir el baúl de la abuela, la puerta del armario de papá y la del cuarto de los cachivaches. Pero la llave no abrió ningún lugar.

Fue cuando Mauricio recordó lo que su mamá le dijo y la puso en su llavero como un objeto de la suerte que le acompañaría en la vida. Cuando Mauricio terminó la secundaria con excelentes calificaciones pensó que la llave le había ayudado con ese logro. Lo mismo ocurrió en su graduación de Preparatoria y Universidad en la que obtuvo Mención Honorífica y todo el jurado y público lo felicitaron.

En una ocasión, cuando Mauricio ya era todo un hombre, fue a un balneario y dejó sus pertenencias en un gabinete como todos los demás. Al regresar la puerta estaba abierta y sin candado, le habían robado sus pertenencias, entre ellas su llavero y por supuesto la llave de la suerte.

Mauricio pensaba que sin la llave dejaría de tener éxitos como en el pasado, sin embargo, ocurrió todo lo contrario, siguió ampliando su círculo de amistades, incrementó sus relaciones en el trabajo y continuó escalando puestos hasta convertirse en el Director General de la empresa en la que trabaja.

De esta forma Mauricio se dio cuenta de que la llave tan solo era un amuleto y que la razones de sus éxitos eran la disciplina, la constancia y la perseverancia que había puesto a todo lo que hacía.

ENSAYO LITERARIO DE JOSÉ INGENIEROS

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